Magocoma
Arde Madrid
  • Fecha de Publicación:
    29/10/2018
  • Por:
    MariaGomez-Comino Mata

Arde Madrid, la nueva serie de Movistar +, se presentó en el festival donostiarra.

En estos nuestros días se habla de nuevas generaciones de creadores que aportan a la escena audiovisual relatos poderosos cargados de la fuerza necesaria para revolucionar el panorama cultural de nuestro país. No le falta razón a esta afirmación que se hace eco en los medios de comunicación, crítica y público más joven, que exige una renovación constante del discurso narrativo. Podríamos decir que Paco León es parte de esta generación de creadores que está sabiendo reinvertarse. Manifestando que tiene un mundo creativo rico y potente, nos pone sobre la mesa comedia de calidad. Con una factura impecable, demuestra que el humor es una vía igual de válida e inteligente que cualquier drama intenso que se precie.

Arde Madrid es el título que da nombre a la serie creada por Ana R. Costa y Paco León. Una historia que nos relata la vida de Ava Gardner en Madrid desde el punto de vista de los empleados del servicio que trabajaban en su casa. Ana Mari (Inma Cuesta) es el personaje que sirve de McGuffin para introducirnos en el mundo de la Gardner, ya que paulatinamente la historia se va centrando en los trapicheos de Manolo (Paco León) con los gitanos. Aun así, lo interesante es poder adentrarnos en el submundo gamberro y nada prejuicioso en el que vivía Ava Gardner.

En cuanto a lo formal, destacamos lo novedoso de rodar una comedia en blanco y negro, aunque poco aporta, tanto para bien como para mal. Si destacar los créditos iniciales de la serie, muy cuidados y cargados de intención, que ponen de preaviso el tono de la narración. Paco es buen conocedor de los tempos de comedia, notándose en el ritmo interno del discurso sin que la cámara o el montaje tengan que esforzarse en avivar la historia.

Es una serie en la que todo suma para bien; un guion muy bien hilado, con diálogos disparatados y sin tabúes (abstenerse las pieles finas) No hay complejos y la naturalidad es marca de la casa. El espectador lo asume con sinceridad, desde lo auténtico, y ahí reside el éxito. Todo ello soportado por un elenco al que no se le puede poner un “pero”. Empezando por el propio Paco e Inma Cuesta, que construyen una pareja con mucha química, y no necesariamente refiriéndome a lo amoroso; Fantástica Debi Mazar, que nos ofrece a una Ava canalla, divertida, y en algunos casos patética, a la que pocos se resistían. A esto, le seguimos sumando los numerosos cameos que se van sucediendo a lo largo de los capítulos, y que no pueden ser más geniales: Mariola Fuentes, Miren Ibarguren, Melody, Elena Furiase, Edu Casanova… y una larga lista que apoyan las escenas de fiesta en casa de la Gardner. Paco León se ha convertido en un maestro de encontrar “personajes” en sí mismos y que sin quererlo, su simple presencia, arrancan la carcajada. En “Arde Madrid”, el personaje de la Tata Rosario es “la revelación” y esperamos ver mucho más de ella.

No sabemos si habrá o no segunda temporada, ya que su final no nos da pistas de ello. Nuestro lado más hedonista nos pide disfrutar de una segunda temporada de esta disparatada y gamberra historia. De momento, a partir de noviembre, el resto de los mortales que no la han podido disfrutar dentro del Festival de Cine de San Sebastián, podrán deleitarse de estos ocho capítulos de treinta minutos en Movistar +.

Crítica Pantone 361
  • Fecha de Publicación:
    16/10/2018
  • Por:
    MariaGomez-Comino Mata

PANTONE 361 fue estrenada, por primera vez, el 7 de septiembre de 2015 en el Teatro Lara de Madrid dentro del ciclo del Máster en Creación Teatral de la Carlos III dirigido por Juan Mayorga, del que ya hemos hablado y seguido muchas de sus propuestas.

Carlos y Claudia acaban de tener un hijo y su retoño es algo ‘diferente’ así que tendrán que adaptarse a la nueva situación, ambos lo hacen con diferente pensamiento, para Claudia el niño es especial mientras que para Carlos es raro. ¿Cómo se comportará la gente cuando le vean?, ¿le harán sufrir sus compañeros del colegio?, ¿será el precursor de algo nuevo o será el marginado?, muchas preguntas se dejan en el aire en esta obra donde el color PANTONE 361 es una total seña de identidad.

La escenografía se caracteriza por la austeridad, unas cuantas cajas de madera, unos taburetes de cartón, una cuna y todos los escenarios se recrean sin problemas. Nando Jiménez, Inés Sánchez, Miguel Valentín y Aida Villar son los protagonistas de la obra, dan vida a la pareja de Carlos y Claudia, a la hermana de Carlos, al mejor amigo de Carlos que trabaja en una tienda de juguetes de oso meloso, una enfermera, una pareja de conocidos que acaban de ser padres, una terapeuta y su becario, un campesino, un presentador de televisión, etc., en fin, una variedad de personajes que van formando una historia poco inusual que nos invita a pasar un rato entretenido y desenfadado.

Las interpretaciones son frescas y desenvueltas, Nando Jiménez, Inés Sánchez, Miguel Valentín y Aida Villar demuestran su versatilidad en escena y consiguen que el espectador pase un rato agradable con esta comedia ligera, acta para todos los públicos que además ofrece unas cuantas ideas para la reflexión, que a veces se pierden entre la comicidad de la historia, pero que no está de más recordar, las relaciones, la familia, como nos enfrentamos a los problemas, la amistad, pero sobre todo, el miedo a lo diferente y como nos enfrentamos a ello, con un texto de María Gómez-Comino Mata que también dirige la obra.

Otra obra ligera, simpática y entretenida que busca la diversión del espectador y al mismo tiempo que nos anima a pensar sobre nuestras reacciones ante lo diferente, desde el humor.

Las Distancias
  • Fecha de Publicación:
    18/09/2018
  • Por:
    MariaGomez-Comino Mata

Elena Trapé dirige con maestría un drama sobre una generación un tanto desubicada que le cuesta encontrar su sitio y consecuencia de ello los individuos no son capaces de empatizar con el grupo. Allá por 2010 la directora catalana nos sorprendía con su primera película Blog, una cinta que transitaba entre el documental y la ficción. Un grupo de chicas adolescentes se grababan con cámaras caseras para hablarnos de sus preocupaciones, intereses, etc. y como ellas se relacionaban con el resto de sus amigas. Un ejercicio muy interesante que suscitaba un gran interés al espectador. Podemos decir que Las Distancias tiene la esencia de Blog narrativamente hablando. Esas adolescentes han madurado y ahora están en la treintena, sin muchas oportunidades laborales, teniendo que salir fuera de España o volviendo a casa de sus padres.

La historia se sitúa en Berlín. Comas (Miki Esparbé) ha tenido que emigrar allí y con motivo del cumpleaños de este, sus amigos de toda la vida deciden viajar para darle una sorpresa. La sorpresa va llegando conforme avanzan los días y se van dando cuenta que sus intereses ya no son los mismos, y que ahora poco tienen que ver con el grupo de amigos que eran hace unos años. Están completamente alejados unos de otros y no son capaces de ceder por el bien grupal. Las conversaciones están llenas de situaciones incómodas, de silencios al no saber qué decir, de miradas que no muestran un ápice de complicidad, que se refuerzan con una fotografía fría, en la que abundan los grises y una cámara que sigue a los personajes para dar esa sensación de agobio, de no escapatoria.

No hay buenos ni malos, algo que es de agradecer. Cada personaje tiene sus motivaciones y todas ellas son totalmente entendibles. Una historia que recae absolutamente en unas interpretaciones que nada hay que reprocharles. Destacar a Alexandra Jiménez que, con mucha sutileza y maestría. es capaz de mostrarnos a una mujer inundada de recuerdos y con dificultades para romper  definitivamente con el pasado. Merecida biznaga de plata a la mejor actriz en el pasado festival de Málaga.

Una cinta que tras su visionado deja un cierto malestar. La identificación con la narración hace colocar al espectador en un lugar incómodo, generando a su vez empatía con ciertos comportamientos de cada uno de los personajes.

Crítica: Carmen y Lola de Arantxa Echevarría
  • Fecha de Publicación:
    08/03/2018
  • Por:
    MariaGomez-Comino Mata

A medio camino entre el documental y la ficción se presenta la historia de “Carmen y Lola” la opera prima de Arantxa Echevarría.
“Carmen y Lola” es la historia de dos adolescentes gitanas que experimentan el primer amor dentro de una comunidad en la que la mujer lesbiana está totalmente silenciada, es invisible. A parte de describirnos las sensaciones del enamoramiento entre estas dos chicas, Echevarría nos muestra un retrato de la sociedad gitana actual; costumbres, tradiciones y filosofía de vida que en algunos aspectos nos resulta chocante para los tiempos en los que vivimos.

A sus cincuenta años Arantxa ha conseguido levantar su primera película, a pesar de llevar toda una vida trabajando en el mundo del cine. Todo pinta a que la de Bilbao sonará bastante en la oleada de premios, ya que tras años de trabajo para sacarla adelante, ha conseguido contar una historia potente, llena de matices y reflejos de una comunidad, la gitana, en la que la mujer está silenciada. Las interpretaciones a cargo de actores no profesionales, junto con e uso de cámara en mano, son dos de los aspectos que hacen que el film se acerque tanto al género documental. Zaira y Rosy, defienden con verdad la historia de amor que cimienta la narración, creíble en todo momento, y evitando caer en “pasteladas” comunes de este tipo de historias. Junto a ellas orbita el mundo familiar, que muestran, con algún que otro tópico, el modo de vida de la sociedad gitana, poniendo el foco en la escasa escolarización, o la sumisión de la mujer dentro del propio núcleo familiar.

Una película interesante, que nos acerca a la realidad de un colectivo que siempre está en un segundo plano. Con un ritmo lento que va dosificando la historia, pero que en ciertos momentos la trama es estirada de más, generando esa sensación de no avanzar, y que se hubiese solucionado con eliminar unos minutos de metraje. Aún así, consigue mantener la atención del espectador ante la fascinación de este universo.